Curso: 6
SE/SH – Tema:
evolución del capitalismo financiero y monopólico, desde fines del siglo XIX


Glosario:
Originalmente
el trust es un agrupamiento al cual las sociedades anteriormente
competidoras confían sus acciones recibiendo en cambio certificados que indican
la proporción en que cada una de ellas participa en la obra común. Hoy se
define más comúnmente como “fusión de empresas”. En estas fusiones de empresas,
la independencia jurídica o financiera de las sociedades que se integran,
desaparecen. Se pueden distinguir, trust horizontales, surgidos de la
fusión de empresas de una sola rama industrial, y los trust verticales,
que agrupan empresas que se proveen mutuamente sus materias primas. En los cártels
las empresas que participan conservan su independencia, pero están ligadas por
contratos mutuos más o menos a largo término, formando sociedades comunes para
vender o comprar y deben corrientemente pagar pesadas multas si violan estos
acuerdos(En Módulo 5, Tomo 1, Historia, Curso a Distancia, Anep, 1991)
1) En la primera mitad del siglo XIX, “la banca comercial cubría tan
sólo un sector del mercado de capitales; otro, muy importante, era el
relacionado con los movimientos internacionales e interregionales de capital
para hacer frente a las necesidades del comercio. (...) A partir de 1840 la
organización de la financiación del comercio internacional pasara a manos de un
pequeño círculo de destacados banqueros privados, como Brown Brothers, de Nueva
York; a partir de 1880 estas actividades eran ya tan seguras que fueron
asumidas por los bancos comerciales más importantes, por lo que los banqueros
privados más emprendedores se orientaron hacia la banca de inversión,
facilitando la financiación de las grandes compañías ferroviarias e
industriales de reciente aparición y necesitadas de capital fijo a largo plazo.
El mercado donde operaban sus valores era la Bolsa de Nueva York. Las
principales transacciones de la Bolsa se hicieron primero con bonos estatales,
federales y de las compañías constructoras de canales; luego, con obligaciones
emitidas por las compañías ferroviarias y, finalmente, a finales del siglo XIX, con valores industriales.(...)
“Otro cambio igualmente fundamental se
produjo en la propiedad y en el control de la industria. A excepción de unos
pocos ferrocarriles, la industria americana en 1850 estaba en manos de pequeños
propietarios, que transformaban las materias primas locales con destino al
consumo local. En 1914, por el contrario, la industria estaba dominada por un
reducido número de gigantescas firmas industriales con un control oligopólico e
incluso monopólico de los mercados nacionales y con una creciente influencia en
ultramar. En 1909 las empresas mas importantes eran las siguientes: United
States Steel, Standard Oil (más tarde ESSO); American Tobacco, International
Harvester Pullman (vagones de ferrocarril); Armour (carne envasada) y Singer
(máquinas de coser). Las razones que hicieron posible esta transformación eran
muy complejas. (...) A partir de 1840 se fueron promulgando sucesivas leyes
sobre constitución de sociedades que motivaron que se adoptara cada vez más la
forma colectiva en lugar de la asociativa. Un factor más importante aún en el
proceso de concentración horizontal de gran número de industrias en las décadas
de 1870 7 1880 fue la creación de un mercado nacional.
Las empresas más grandes, cuyas fábricas
abastecían a compañías de ferrocarriles o canales que se hacían la competencia,
se hallaban en condiciones de obligar a los ferrocarriles a hacerles
sustanciales rebajas en sus tarifas. Precisamente manipulando a las compañías
ferroviarias fue como John D. Rockefeller logró el monopolio en la industria
del petróleo para la Standard Oil en la década de 1870. Como es natural, las
compañías ferroviarias intentaron formar cárteles o fusionarse para la defensa
de sus propios intereses, de tal forma que en 1900 la proliferación de pequeñas
líneas existentes en 1840 había desaparecido al aglutinarse aquéllas en grandes
grupos regionales.
A la concentración horizontal y vertical seguía
a menudo la reorganización interna de las empresas para lograr mayor
productividad y eficacia administrativa hasta el punto de que se transformaron
en grandes burocracias “federales”, con departamentos independientes de
compras, producción, contabilidad y ventas. Las depresiones de las décadas de
1870 y 1890 acabaron con muchas de las compañías más débiles, fomentando nuevas
fusiones. Las subsiguientes coyunturas favorables, especialmente entre 1896 y
1904, dieron grandes oportunidades a los financieros de Wall Street para
promover nuevas empresas y fusiones de empresas; en la década de 1890 se
produjeron concretamente muchas fusiones en la industria pesada, que encontraba
nuevos mercados en las crecientes necesidades de las ciudades. La United States
Steel Co., por ejemplo, buen ejemplo de concentración vertical, disponía de
minas de hierro y carbón, asegurando así sus suministros de acerías adquiridas
a Andrew Carnigie, y de otras muchas instalaciones para la fabricación de los
elementos finales, como los puentes y las vigas que la América urbana
precisaba. Cuando la U. S. Steel Co. fue creada por el banquero J. P. Morgan
era, con diferencia, la mayor del mundo, con un capital de 1400 millones de
dólares. Durante muchos años controló alrededor del 60 % del mercado americano
del acero y cuando anunciaba anualmente sus precios, otras compañías los
adoptaban. Se estaba configurando el poder industrial tal y como lo conocemos
hoy día.
“El
Gobierno y la industria”
“Como consecuencia del sistema americano
de gobierno, receloso del poder centralizado y dotado de un sistema de control
y equilibrio, tradicionalmente los EE.UU. han confiado menos en una amplia
planificación nacional y más en el mercado, a diferencia de los estados europeos más compactos. No
obstante, el grado de intervensionismo gubernamental ha variado mucho con el
tiempo. (...) Un factor (entre otros) que favoreció la iniciativa privada fue
la promulgación por diversos estados de leyes generales sobre la constitución
de sociedades, que establecían la responsabilidad limitada en muchas
actividades con un mínimo de interferencia estatal. La opinión pública y la ley
se acomodaban a los intereses de la naciente clase capitalista con la esperanza
de que la comunidad se beneficiara del resultado de sus actividades sin trabas.
La justificación teórica de esta
actitud procedía de una versión elemental del liberalismo británico adaptado al
medio americano. (...) Las versiones populares sugerían las inmensas
posibilidades abiertas a una dinámica población americana provista de
abundantes recursos naturales, todo ello regulado a escala continental por las
fuerzas del mercado. La intervención gubernamental equivocada cuando no
corrompida, sólo contribuía a obstaculizar el proceso y únicamente era necesaria
para alcanzar los objetivos mínimos del respeto de la ley y el orden. (...) una
de las ventajas de las teorías de los economistas clásicos sobre los efectos
reguladores de la libre competencia era que encajaba perfectamente con la
filosofía americana del sistema de control y equilibrio (checks and balance),
de un gobierno limitado y de los derechos de propiedad.
Este consenso generalizado recibió el respaldo legal a mediados
del siglo XIX en forma de decisiones del Tribunal Supremo. Las características
del sistema político americano –constitución escrita, federalismo y división de
poderes- habían conferido gran autoridad a los tribunales, que tenían que
dirimir los conflictos jurisdiccionales. (...). Asi, los diversos estados eran
conscientes de la necesidad de reglamentar los servicios locales, pero casi
nunca les pasaba por la imaginación la necesidad de reglamenta los
ferrocarriles a escala nacional. (...) E incluso en este caso pasaron bastantes
años antes de que la ley anti-trust de Sherman en 1890 fuera utilizada para
influir sobre la estructura industrial. (...).
Sería equivocado pretender que ya en
1890, o incluso en 1914, el gobierno federal poseía en líneas generales una
burocracia eficaz. Esta burocracia cada vez más competente, comenzaba a influir
sobre el público en darse cuenta de que los defectos del sistema vigente podían
ser subsanados y de que era posible que un mayor intervensionismo gubernamental
redundara en grandes beneficios.” [Tomado de W. P. Adams, Los Estados Unidos
de América. Volumen 30. Siglo XXI Editores. México, 1979, pp. 143-161]
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2)
“El
capitalismo norteamericano se desarrolló a impresionante y espectacular
velocidad después de la guerra civil, que si bien había retrasado y probablemente
su crecimiento de modo temporal, proporcionó, por otro lado, considerables
oportunidades a los grandes negociantes piratas adecuadamente llamados
“magnates ladrones”. (...) Tres cosas distinguen la época de los magnates
ladrones norteamericanos de las demás economías capitalistas florecientes del
mismo período, que también produjeron sus generaciones de millonarios rapaces.
“La primera es la total ausencia de
controles sobre los negocios, pese a su inhumanidad y fraudulencia, y las
posibilidades realmente espectaculares aue existían de corrupción nacional y
local, sobre todo en los años posteriores a la guerra civil. De acuerdo con los
patrones europeos, en EE.UU. no había prácticamente gobierno y el campo de
acción del poderoso y del rico sin escrúpulos era virtualmente ilimitado.
(...)¿Quiénes eran más fuertes que los ricos en una sociedad capitalista? De
entre los estados del mundo burgués EE.UU. fue el único que contó con una
justicia privada y unas fuerzas armadas privadas, circunstancias que nunca
preponderaron tanto en nuestro período. Entre 1850 y 1889 las autodesignadas
patrullas de vigilantes mataron 530
presuntos o reales violadores de la ley, o 6 de cada 7 del total de víctimas
producidas a lo largo de la historia de este característico fenómeno
norteamericano que se extiende entre los años 1760 y 1909. (...) Y fue en este
período cuando “los Pinkertons”[por Allan
Pinkerton, detective privado nacido en Escocia] laa más notoria de las fuerzas privadas de
detectives y pistoleros, consiguieron su sombría fama, primero en la lucha
contra los criminales y luego contra los trabajadores.
La segunda característica distintiva de esta primera época
norteamericana de grandes negocios, mucho dinero y gran poder es que, al
contrario de tantos grandes empresarios del Viejo Mundo a quienes
frecuentemente parecía obsesionar la fabricación tecnológica como tal, la
mayoría de sus profesionales de éxito no tenían por lo visto ningún método
especial de hacer dinero. Todo lo que deseaban era multiplicar los beneficios,
aunque la mayor parte de ellos participaban en el gran productor de dinero en
esta época, el ferrocarril. Cornelius Vanderbilt contaba con 10-20 millones de
dólares antes de intervenir en el ferrocarril, y en 16 años éste le dio a ganar
80-90 millones más. Uno no se asombra cuando se entera que hombres como los del
grupo de California (...), pudieron amasar millones con chanchullos y saqueos
sin tender, en realidad, ni poner en funcionamiento una sola locomotora.
Pocos de los primeros millonarios hicieron su fortuna mediante la
actividad. Huntington empezó vendiendo quincalla a los mineros de la fiebre del
oro en Sacramento. Es posible que entre sus clientes se encontrara el magnate
de la carne Philip Armour, quien probó suerte en las minas de oro antes de
regresar al negocio de los comestibles en Milwaukee, lo que le dio la
oportunidad de ganar muchísimo dinero durante la guerra civil.
(...) Ninguno
contaba con escrúpulos o podía permitirse el lujo de tenerlos en una economía y
en una edad en que el fraude, el soborno, la calumnia y si era preciso las
armas constituían aspectos normales de competición. Todos eran hombres duros, y
la mayoría de ellos hubieran considerado que la cuestión de su honradez era
mucho menos relevante para sus negocios que la cuestión de su astucia.
La tercera
característica de los magnates ladrones: una considerable proporción de ellos
fueron “hombres hechos a sí mismos” y no tuvieron competidores ni en riquezas
ni en posición social. (...) Pero sólo el 42 % de los negociantes de nuestro
período que figuran en el Dictionary of American Biography procedían de
ambientes de clase baja o de la clase media baja. La mayoría procedían de
familias profesionales o de negocios. Sólo el 8 % de la “minoría selecta
industrial de la década de 1870” eran hijos
de padres de la clase obrera. (...) Las oportunidades eran realmente
enormes para hombres dispuestos a seguir la lógica de la multiplicación de
beneficios en vez de la del vivir, y que contaban con suficiente competencia,
energía, inhumanidad y avaricia. Las diversiones eran mínimas. No existía una
vieja nobleza que les condujera a la tentación de adquirir títulos y ala grata
vida del hacendado aristócrata, y a menos que sirviera también para hacer
dinero, la política era algo que había que comprar en vez de practicar.”[Tomado de E. Hobsbawm, La era del capital,
1848-1875. Crítica, Bs. As., 2006]
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